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OBRAS

"Trabajo desde el surrealismo porque ese lenguaje me permite desdoblar la realidad, transformarla y darle un sentido distinto".


Orchid, 2021
De la serie "Odisea"
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
152,4 × 121,92 cm (60" × 48")
Colección privada
Orchid es una de mis obras más emblemáticas porque en ella pude poner en práctica todo lo aprendido en mis trabajos anteriores, que se convirtieron en mi escuela y mi mentoría. Buscaba la perfección en el color y en las transiciones, acercarme al hiperrealismo y lograr que la imagen se sintiera real. Mi intención fue procurar que el color se expandiera en los pétalos, las hojas y el rostro. A decir verdad, nunca comprendí del todo cómo lo hice hasta que logré terminarla.
La orquídea ha estado presente en mi vida desde mi infancia. Mi madre ama estas plantas y durante un tiempo tuvo una floristería. Siempre me ha parecido una flor exótica, diversa, femenina y elegante. No buscaba definir la obra a partir de lo que estaba representando; más que transmitir un mensaje, quería dejarme llevar por la belleza de desarrollarla. La majestuosidad y la paz que me transmite la orquídea eran también las sensaciones que me acompañaban mientras la pintaba.
Fueron muchas capas y, con cada una, iba descubriendo nuevos patrones de color y sintiendo que la flor cobraba vida. Me costó terminarla porque quería seguir perfeccionando cada pincelada y también me costó dejarla ir. La siento como un pedazo de mí, porque crecí mucho mientras la creaba. Se convirtió en mi refugio y en un foco de luz, justo cuando comenzábamos a recuperar cierta normalidad después de la pandemia del COVID-19.
En cuanto a “Odisea” es una colección de obras protagonizadas por rostros quebrados, que muestro sin una identidad definida, como una forma de adentrarme en ese viaje largo y lleno de dificultades que atravesamos cuando nos enfrentamos a emociones muy fuertes que nos marcan, nos laceran y que, al mismo tiempo, nos permiten crecer.
Ubico la serie en esos primeros momentos de incertidumbre, autoconocimiento y dificultades durante la pandemia del COVID-19, una época que nos confrontó a todos. Fue una etapa muy dura porque aquella pausa obligatoria también me guió a conocerme, a mirar las cosas desde otra perspectiva. El presente comenzó a adquirir una importancia diferente, pues quería vivir lo que no había podido, empezar a priorizar aquello que me hacía feliz. Y, en medio de ese torbellino, todas las emociones salieron a hacer fiesta. Mi cabeza tenía un millón de pensamientos al día, todos colisionando entre sí. La terapia me ayudó a ponerlos en orden, a bajarles el volumen y a aprender a vivir el presente con mayor calma, sin excesos.
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
152,4 × 121,92 cm (60" × 48")
Colección privada
Orchid es una de mis obras más emblemáticas porque en ella pude poner en práctica todo lo aprendido en mis trabajos anteriores, que se convirtieron en mi escuela y mi mentoría. Buscaba la perfección en el color y en las transiciones, acercarme al hiperrealismo y lograr que la imagen se sintiera real. Mi intención fue procurar que el color se expandiera en los pétalos, las hojas y el rostro. A decir verdad, nunca comprendí del todo cómo lo hice hasta que logré terminarla.
La orquídea ha estado presente en mi vida desde mi infancia. Mi madre ama estas plantas y durante un tiempo tuvo una floristería. Siempre me ha parecido una flor exótica, diversa, femenina y elegante. No buscaba definir la obra a partir de lo que estaba representando; más que transmitir un mensaje, quería dejarme llevar por la belleza de desarrollarla. La majestuosidad y la paz que me transmite la orquídea eran también las sensaciones que me acompañaban mientras la pintaba.
Fueron muchas capas y, con cada una, iba descubriendo nuevos patrones de color y sintiendo que la flor cobraba vida. Me costó terminarla porque quería seguir perfeccionando cada pincelada y también me costó dejarla ir. La siento como un pedazo de mí, porque crecí mucho mientras la creaba. Se convirtió en mi refugio y en un foco de luz, justo cuando comenzábamos a recuperar cierta normalidad después de la pandemia del COVID-19.
En cuanto a “Odisea” es una colección de obras protagonizadas por rostros quebrados, que muestro sin una identidad definida, como una forma de adentrarme en ese viaje largo y lleno de dificultades que atravesamos cuando nos enfrentamos a emociones muy fuertes que nos marcan, nos laceran y que, al mismo tiempo, nos permiten crecer.
Ubico la serie en esos primeros momentos de incertidumbre, autoconocimiento y dificultades durante la pandemia del COVID-19, una época que nos confrontó a todos. Fue una etapa muy dura porque aquella pausa obligatoria también me guió a conocerme, a mirar las cosas desde otra perspectiva. El presente comenzó a adquirir una importancia diferente, pues quería vivir lo que no había podido, empezar a priorizar aquello que me hacía feliz. Y, en medio de ese torbellino, todas las emociones salieron a hacer fiesta. Mi cabeza tenía un millón de pensamientos al día, todos colisionando entre sí. La terapia me ayudó a ponerlos en orden, a bajarles el volumen y a aprender a vivir el presente con mayor calma, sin excesos.

Marea, 2024
De la serie "Odisea"
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
139,7 × 139,7 cm (55" × 55")
Colección privada
Marea es una obra que nace de un proceso muy personal. El formato cuadrado me llevó a construir la composición alrededor de un punto focal central que es ese mar que la caracteriza y a partir del cual se desarrolla todo lo demás.
Cuando la pinté estaba atravesando un proceso de descubrimiento personal. Empecé a sentir la ansiedad, a reconocerla y a entenderla. La pandemia, el confinamiento y ese tiempo tan inmersos en nuestros propios pensamientos me obligaron a escucharme más y a trabajar mucho en mi ser interior.
Quizás por eso la llamé Marea, porque en ese momento mis pensamientos eran como un mar en constante movimiento, que subía y bajaba, avanzaba y retrocedía.
Marea la inicié junto con Orchid, pero en ese momento no estaba preparada para continuarla. Tenía muchas dudas sobre mi trayectoria, sobre qué hacer y cómo hacerlo; estaba en una transición entre la arquitectura y el arte. Necesitaba tiempo para tomar una decisión tan definitiva y, de hecho, volví a la arquitectura para confirmar que no era lo que realmente quería.
Cuando retomé la serie “Odisea”, ya me sentía en otro lugar. Era una versión de mí con menos dudas, más enfocada y, sobre todo, más entregada al arte.
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
139,7 × 139,7 cm (55" × 55")
Colección privada
Marea es una obra que nace de un proceso muy personal. El formato cuadrado me llevó a construir la composición alrededor de un punto focal central que es ese mar que la caracteriza y a partir del cual se desarrolla todo lo demás.
Cuando la pinté estaba atravesando un proceso de descubrimiento personal. Empecé a sentir la ansiedad, a reconocerla y a entenderla. La pandemia, el confinamiento y ese tiempo tan inmersos en nuestros propios pensamientos me obligaron a escucharme más y a trabajar mucho en mi ser interior.
Quizás por eso la llamé Marea, porque en ese momento mis pensamientos eran como un mar en constante movimiento, que subía y bajaba, avanzaba y retrocedía.
Marea la inicié junto con Orchid, pero en ese momento no estaba preparada para continuarla. Tenía muchas dudas sobre mi trayectoria, sobre qué hacer y cómo hacerlo; estaba en una transición entre la arquitectura y el arte. Necesitaba tiempo para tomar una decisión tan definitiva y, de hecho, volví a la arquitectura para confirmar que no era lo que realmente quería.
Cuando retomé la serie “Odisea”, ya me sentía en otro lugar. Era una versión de mí con menos dudas, más enfocada y, sobre todo, más entregada al arte.

From A to Z (De la A a la Z), 2024
De la serie "Innerland"
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
76,2 × 60,96 cm (30" × 24")
Colección privada
From A to Z habla de cómo somos distintos y, a la vez, similares. Nos transformamos en muchas cosas buscando encajar, nos envolvemos en nudos, tomamos atajos, recorremos caminos largos y también nos equivocamos. Pasamos de la “A” a la “Z” atravesando todo tipo de experiencias, pero, al final, nos encontramos y nos alineamos con nuestro propósito. Todos pasamos por ahí; es una historia que se repite en cada alma. Compartimos el mismo chip, aunque seamos diferentes.
Esta obra inaugura “Innerland”, que para mí es un vistazo al paisaje interno de nuestras vidas. Es como repasar una montaña de hazañas y capítulos sin terminar. La serie habla de nuestros procesos y de cómo cada situación que atravesamos va dándonos estructura. Enfrentar cada reto no se trata tanto de concluirlo como de vivir el proceso, porque es en ese recorrido, muchas veces riguroso, donde algo de nosotros va quedando mientras avanzamos por este mundo. Me gusta pensar que, mientras voy creando, también se va formando un sistema montañoso en mi interior, y que las huellas que quedan en el firmamento son las que hacen más rico ese paisaje.
Trabajar en un formato pequeño hace que ese paisaje se vuelva más íntimo. Es un espacio que exige cercanía, detalle y concentración. Cada pincelada y cada color requieren atención para poder construir un universo de pequeños detalles. En los formatos grandes también existe esa concentración, pero la obra necesita ser recorrida por partes hasta convertirse en un todo que, muchas veces, solo se revela plenamente al observarla desde la distancia. En un formato pequeño, en cambio, siento que puedo acercarme mucho más a cada parte del proceso.
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
76,2 × 60,96 cm (30" × 24")
Colección privada
From A to Z habla de cómo somos distintos y, a la vez, similares. Nos transformamos en muchas cosas buscando encajar, nos envolvemos en nudos, tomamos atajos, recorremos caminos largos y también nos equivocamos. Pasamos de la “A” a la “Z” atravesando todo tipo de experiencias, pero, al final, nos encontramos y nos alineamos con nuestro propósito. Todos pasamos por ahí; es una historia que se repite en cada alma. Compartimos el mismo chip, aunque seamos diferentes.
Esta obra inaugura “Innerland”, que para mí es un vistazo al paisaje interno de nuestras vidas. Es como repasar una montaña de hazañas y capítulos sin terminar. La serie habla de nuestros procesos y de cómo cada situación que atravesamos va dándonos estructura. Enfrentar cada reto no se trata tanto de concluirlo como de vivir el proceso, porque es en ese recorrido, muchas veces riguroso, donde algo de nosotros va quedando mientras avanzamos por este mundo. Me gusta pensar que, mientras voy creando, también se va formando un sistema montañoso en mi interior, y que las huellas que quedan en el firmamento son las que hacen más rico ese paisaje.
Trabajar en un formato pequeño hace que ese paisaje se vuelva más íntimo. Es un espacio que exige cercanía, detalle y concentración. Cada pincelada y cada color requieren atención para poder construir un universo de pequeños detalles. En los formatos grandes también existe esa concentración, pero la obra necesita ser recorrida por partes hasta convertirse en un todo que, muchas veces, solo se revela plenamente al observarla desde la distancia. En un formato pequeño, en cambio, siento que puedo acercarme mucho más a cada parte del proceso.

Ecos de nostalgia II, 2024
De la serie "Innerland"
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
76,2 × 60,96 cm (30" × 24")
Colección privada
Ecos de nostalgia II nace de una primera versión con la que nunca llegué a sentirme conforme. Era un formato más grande y algo en ella no terminaba de tener sentido para mí. Tal vez se trataba de la ejecución, la selección de los colores, la manera en que se veía. La segunda versión, en cambio, terminó siendo exactamente como la imaginé, literalmente. La imagen apareció en un sueño y desperté a mitad de la noche para anotar lo que recordaba y poder recrearlo en el lienzo.
No quise eliminar la primera versión ni hacer como si nunca hubiera existido. Ese proceso me enseñó que también puedo equivocarme y comenzar de nuevo para acercarme a la obra que tenía en mente. He comprendido que hay belleza y aprendizaje en lo que creemos que son errores.
Ecos de nostalgia II habla de la infancia, de cuando veía desde el balcón de mi casa a los niños del barrio jugar en la calle y quería bajar con ellos, pero mis padres me protegían porque me consideraban delicada y frágil.
La nostalgia es un sentimiento que me acompaña siempre. Recuerdo con mucho cariño mi infancia en Tenares, junto a mis primos y amigos, una época con menos tecnología y distracciones, en la que aprendíamos a disfrutar el presente.
En la obra, ese eco es un recuerdo que permanece y vibra dentro de mí. Lo represento mediante la ternura del color, la suavidad y fluidez de las formas y ese aire de inocencia que permanece en mi memoria.
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
76,2 × 60,96 cm (30" × 24")
Colección privada
Ecos de nostalgia II nace de una primera versión con la que nunca llegué a sentirme conforme. Era un formato más grande y algo en ella no terminaba de tener sentido para mí. Tal vez se trataba de la ejecución, la selección de los colores, la manera en que se veía. La segunda versión, en cambio, terminó siendo exactamente como la imaginé, literalmente. La imagen apareció en un sueño y desperté a mitad de la noche para anotar lo que recordaba y poder recrearlo en el lienzo.
No quise eliminar la primera versión ni hacer como si nunca hubiera existido. Ese proceso me enseñó que también puedo equivocarme y comenzar de nuevo para acercarme a la obra que tenía en mente. He comprendido que hay belleza y aprendizaje en lo que creemos que son errores.
Ecos de nostalgia II habla de la infancia, de cuando veía desde el balcón de mi casa a los niños del barrio jugar en la calle y quería bajar con ellos, pero mis padres me protegían porque me consideraban delicada y frágil.
La nostalgia es un sentimiento que me acompaña siempre. Recuerdo con mucho cariño mi infancia en Tenares, junto a mis primos y amigos, una época con menos tecnología y distracciones, en la que aprendíamos a disfrutar el presente.
En la obra, ese eco es un recuerdo que permanece y vibra dentro de mí. Lo represento mediante la ternura del color, la suavidad y fluidez de las formas y ese aire de inocencia que permanece en mi memoria.

Gotas de conciencia, 2024
De la serie "Innerland"
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
76,2 × 60,96 cm (30" × 24")
Colección privada
Esta obra parte de la idea de que la conciencia llega poco a poco, como una gota que cae una tras otra. A medida que crecemos vamos adquiriendo mayor lucidez sobre nuestro entorno, sobre lo que pensamos y sentimos, pero también desarrollamos otra forma de conciencia como aquella que nos permite evaluar la realidad, formar nuestros propios juicios y asumir la responsabilidad de nuestras decisiones.
Utilizo la gota como referencia de la inmensidad del mar, para representar nuestra individualidad dentro de lo colectivo. Somos una gota en una gran masa, pero también estamos llenos de información, recuerdos y de todo aquello que recibimos e incorporamos del mundo. Por eso el color tiene un significado particular, ya que vamos tomando todos los colores que existen y, al mezclarse, producen un tono oscuro, casi negro. No somos transparentes; estamos hechos de todo lo que hemos vivido.
Trabajar varias obras de una misma serie al mismo tiempo es algo habitual para mí. Una vez que tengo los bocetos listos, me gusta alternar entre ellas porque la mirada también necesita descansar. Cambiar de una obra a otra me permite repensar los colores y tonos, renovar la mirada y continuar trabajando con mejor enfoque y energía.
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
76,2 × 60,96 cm (30" × 24")
Colección privada
Esta obra parte de la idea de que la conciencia llega poco a poco, como una gota que cae una tras otra. A medida que crecemos vamos adquiriendo mayor lucidez sobre nuestro entorno, sobre lo que pensamos y sentimos, pero también desarrollamos otra forma de conciencia como aquella que nos permite evaluar la realidad, formar nuestros propios juicios y asumir la responsabilidad de nuestras decisiones.
Utilizo la gota como referencia de la inmensidad del mar, para representar nuestra individualidad dentro de lo colectivo. Somos una gota en una gran masa, pero también estamos llenos de información, recuerdos y de todo aquello que recibimos e incorporamos del mundo. Por eso el color tiene un significado particular, ya que vamos tomando todos los colores que existen y, al mezclarse, producen un tono oscuro, casi negro. No somos transparentes; estamos hechos de todo lo que hemos vivido.
Trabajar varias obras de una misma serie al mismo tiempo es algo habitual para mí. Una vez que tengo los bocetos listos, me gusta alternar entre ellas porque la mirada también necesita descansar. Cambiar de una obra a otra me permite repensar los colores y tonos, renovar la mirada y continuar trabajando con mejor enfoque y energía.

Fuego silente, 2024
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
50,165 x 50,165 cm (19 ¾ " × 19 ¾ ")
Colección privada
Fuego silente fue creada específicamente para el II Concurso Juan José Bellapart, convocado en 2024. En ese momento, mi esposo atravesaba un problema de salud desconcertante. Los médicos no lograban encontrar una respuesta y, aunque no podían explicar lo que le ocurría, él sentía que algo no estaba bien. Yo necesitaba crear una obra que representara aquello que estaba viviendo, porque no encontraba palabras que pudieran darle el consuelo que necesitaba.
El fuego y el silencio son opuestos. Por dentro, él sentía que se quemaba vivo, como si estuviera acostado sobre el pavimento en pleno mediodía, mientras que por fuera todo parecía estar en calma. Eso quería transmitir justamente, la sensación de algo que arde intensamente sin que se vea ni haga ruido.
El rojo representa la intensidad y la energía del fuego. En un formato pequeño, construí una esfera pulcra en su exterior y también en la superficie de su núcleo, pero lacerada en su interior y atravesada por ese color que representa la energía y el calor. También quise evocar la sangre recorriendo sus venas, ese fluido que parecía quemarlo por dentro y llevar el fuego hasta sus extremidades.
Fuego silente es, en esencia, una imagen de aquello que puede estar sucediendo dentro de nosotros mientras, hacia afuera, todo parece permanecer en calma.
50,165 x 50,165 cm (19 ¾ " × 19 ¾ ")
Colección privada
Fuego silente fue creada específicamente para el II Concurso Juan José Bellapart, convocado en 2024. En ese momento, mi esposo atravesaba un problema de salud desconcertante. Los médicos no lograban encontrar una respuesta y, aunque no podían explicar lo que le ocurría, él sentía que algo no estaba bien. Yo necesitaba crear una obra que representara aquello que estaba viviendo, porque no encontraba palabras que pudieran darle el consuelo que necesitaba.
El fuego y el silencio son opuestos. Por dentro, él sentía que se quemaba vivo, como si estuviera acostado sobre el pavimento en pleno mediodía, mientras que por fuera todo parecía estar en calma. Eso quería transmitir justamente, la sensación de algo que arde intensamente sin que se vea ni haga ruido.
El rojo representa la intensidad y la energía del fuego. En un formato pequeño, construí una esfera pulcra en su exterior y también en la superficie de su núcleo, pero lacerada en su interior y atravesada por ese color que representa la energía y el calor. También quise evocar la sangre recorriendo sus venas, ese fluido que parecía quemarlo por dentro y llevar el fuego hasta sus extremidades.
Fuego silente es, en esencia, una imagen de aquello que puede estar sucediendo dentro de nosotros mientras, hacia afuera, todo parece permanecer en calma.

Transfusiones de identidad, 2025
Óleo y acrílico sobre algodón
152,4 × 152,4 cm (60" × 60")
Colección privada
Cuando empecé a desarrollar Transfusiones de identidad quería que tuviera un impacto no solo estético, sino también conceptual. Necesitaba que pudiera apreciarse bien desde cualquier ángulo y que llamara la atención incluso desde la distancia. Aunque los formatos pequeños me permiten una conexión más íntima con la obra, al ser mi primera pieza para aplicar a la Bienal Nacional de Artes Visuales de Santo Domingo, sentí que un formato grande era lo correcto. También la elección del color fue importante para conseguir la impresión que buscaba.
A través de Transfusiones de identidad abordo la identidad de un colectivo, especialmente, la de los dominicanos, tanto quienes vivimos en la isla como quienes forman parte de nuestra diáspora. Utilizo la palabra “transfusiones” para hablar de ese traspaso de cultura que ocurre casi de manera automática desde que nacemos. Al crecer, intuitivamente vamos tomando de quienes nos rodean una herencia y una identidad cultural que nos caracteriza como pueblo.
Esa permanencia en el tiempo es también una forma de supervivencia emocional y cultural, sin importar el territorio o las circunstancias en que nos encontremos. Incluso en medio del cambio constante, permanecemos vinculados a nuestras raíces, a nuestros comportamientos como caribeños y como gente de isla.
Para esta obra utilicé algodón, un soporte con el que trabajo habitualmente y que conozco muy bien desde que comencé a pintar al óleo. Este material me daba la confianza de saber cómo respondería y cómo quedaría el resultado final. El lino me fascina y disfruto trabajarlo, pero todavía siento que tengo mucho que aprender de él.
152,4 × 152,4 cm (60" × 60")
Colección privada
Cuando empecé a desarrollar Transfusiones de identidad quería que tuviera un impacto no solo estético, sino también conceptual. Necesitaba que pudiera apreciarse bien desde cualquier ángulo y que llamara la atención incluso desde la distancia. Aunque los formatos pequeños me permiten una conexión más íntima con la obra, al ser mi primera pieza para aplicar a la Bienal Nacional de Artes Visuales de Santo Domingo, sentí que un formato grande era lo correcto. También la elección del color fue importante para conseguir la impresión que buscaba.
A través de Transfusiones de identidad abordo la identidad de un colectivo, especialmente, la de los dominicanos, tanto quienes vivimos en la isla como quienes forman parte de nuestra diáspora. Utilizo la palabra “transfusiones” para hablar de ese traspaso de cultura que ocurre casi de manera automática desde que nacemos. Al crecer, intuitivamente vamos tomando de quienes nos rodean una herencia y una identidad cultural que nos caracteriza como pueblo.
Esa permanencia en el tiempo es también una forma de supervivencia emocional y cultural, sin importar el territorio o las circunstancias en que nos encontremos. Incluso en medio del cambio constante, permanecemos vinculados a nuestras raíces, a nuestros comportamientos como caribeños y como gente de isla.
Para esta obra utilicé algodón, un soporte con el que trabajo habitualmente y que conozco muy bien desde que comencé a pintar al óleo. Este material me daba la confianza de saber cómo respondería y cómo quedaría el resultado final. El lino me fascina y disfruto trabajarlo, pero todavía siento que tengo mucho que aprender de él.

Trópico en movimiento, 2025
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
127 x 96,52 cm (50" × 38")
Colección privada
El trópico es un paraíso, una franja del planeta de inmensa biodiversidad, donde predominan el clima cálido, el color, la vegetación y las líneas de montañas que destacan en cada paisaje. En esta obra quise representarlo de una manera poco habitual, conjugando en una misma imagen los colores del amanecer y del atardecer. El movimiento de las olas y de la brisa entre los árboles crea un paisaje que vive, que habla y transmite calidez, ternura y, a la vez, fortaleza.
Elegí el formato vertical porque quería que evocara una palma, una de las plantas más características del trópico. Su altura, su único tronco y las palmas frondosas que se mueven con la brisa caribeña me permitían transmitir movimiento y, al mismo tiempo, altura. El paisaje se extiende hasta el lago en la parte inferior, como si fuera una prolongación de la palma misma que nace en la cima y atraviesa el cuerpo central de la obra, conectando sus diferentes elementos.
No sé si mi dominicanidad se relaciona de manera consciente con mi trabajo. No obstante, siento que, más bien, permea mis creaciones de forma inconsciente. No todas mis obras reflejan directamente mis raíces, pero sí he notado que el uso del color, tan característico de nuestra región, y las formas orgánicas tienen un aire caribeño.
Creo que existe una conversación silenciosa entre mi dominicanidad y mi lenguaje surrealista, un susurro. Mis temas no necesariamente hablan de mi origen, pero hay particularidades que, de manera muy sutil, me sitúan como parte de una región y de una manera particular de mirar en función de mi lar nativo.
127 x 96,52 cm (50" × 38")
Colección privada
El trópico es un paraíso, una franja del planeta de inmensa biodiversidad, donde predominan el clima cálido, el color, la vegetación y las líneas de montañas que destacan en cada paisaje. En esta obra quise representarlo de una manera poco habitual, conjugando en una misma imagen los colores del amanecer y del atardecer. El movimiento de las olas y de la brisa entre los árboles crea un paisaje que vive, que habla y transmite calidez, ternura y, a la vez, fortaleza.
Elegí el formato vertical porque quería que evocara una palma, una de las plantas más características del trópico. Su altura, su único tronco y las palmas frondosas que se mueven con la brisa caribeña me permitían transmitir movimiento y, al mismo tiempo, altura. El paisaje se extiende hasta el lago en la parte inferior, como si fuera una prolongación de la palma misma que nace en la cima y atraviesa el cuerpo central de la obra, conectando sus diferentes elementos.
No sé si mi dominicanidad se relaciona de manera consciente con mi trabajo. No obstante, siento que, más bien, permea mis creaciones de forma inconsciente. No todas mis obras reflejan directamente mis raíces, pero sí he notado que el uso del color, tan característico de nuestra región, y las formas orgánicas tienen un aire caribeño.
Creo que existe una conversación silenciosa entre mi dominicanidad y mi lenguaje surrealista, un susurro. Mis temas no necesariamente hablan de mi origen, pero hay particularidades que, de manera muy sutil, me sitúan como parte de una región y de una manera particular de mirar en función de mi lar nativo.

Mi perspectiva, mi realidad, 2025
Óleo y acrílico sobre lienzo (algodón)
127 × 127 cm (50" × 50")
Colección privada
La realidad no es algo estático. Es cambiante y cada persona la percibe de una manera distinta. Desde mi interior, mi percepción de las cosas moldea el mundo como lo veo; lo que observamos, sentimos y pensamos está sujeto a nuestra individualidad. Nadie conoce mejor nuestro interior que nosotros mismos.
En esta obra hay tres elementos claves: un cielo encerrado en un óvalo, un cuerpo central en forma de rombo alargado del que cae una gota y, en la parte inferior, una espiral. Cada uno propone una perspectiva diferente. Si miramos desde el cielo hacia la espiral, existe una realidad que solo esa persona conoce; si miramos desde la espiral hacia el cielo o hacia la gota, tendremos otra manera de comprenderla. Por eso el título expresa una idea sencilla, atendiendo a que ninguna realidad es igual a otra. Como dice el refrán, “cada cabeza es un mundo”.
Es imposible transmitir a otra persona exactamente lo que vivimos. Por eso creo que debemos juzgar menos y ser más empáticos.
Hay personas que cuestionan mi manera de ver el mundo o de expresarme a través del arte. Imagino que algunas veces no comprenden mi lenguaje, pero estoy en paz con eso, siempre que pueda expresarme y ser feliz durante el proceso. También me satisface que quienes sí logran leer mi obra puedan valorarla y apreciarla. Al fin y al cabo, la diversidad existe en el arte y también en todo lo demás.
Trabajar esta pieza, implicó, además, una relación física distinta con el lienzo. Para los formatos grandes suelo trabajar sentada y, cuando necesito llegar a las zonas inferiores, incluso me siento en el piso. En los degradados extensos prefiero mantener cierta distancia para apreciar cómo se integran las transiciones. Para los detalles, en cambio, necesito acercarme. La distancia también forma parte de mi manera de mirar la obra.
127 × 127 cm (50" × 50")
Colección privada
La realidad no es algo estático. Es cambiante y cada persona la percibe de una manera distinta. Desde mi interior, mi percepción de las cosas moldea el mundo como lo veo; lo que observamos, sentimos y pensamos está sujeto a nuestra individualidad. Nadie conoce mejor nuestro interior que nosotros mismos.
En esta obra hay tres elementos claves: un cielo encerrado en un óvalo, un cuerpo central en forma de rombo alargado del que cae una gota y, en la parte inferior, una espiral. Cada uno propone una perspectiva diferente. Si miramos desde el cielo hacia la espiral, existe una realidad que solo esa persona conoce; si miramos desde la espiral hacia el cielo o hacia la gota, tendremos otra manera de comprenderla. Por eso el título expresa una idea sencilla, atendiendo a que ninguna realidad es igual a otra. Como dice el refrán, “cada cabeza es un mundo”.
Es imposible transmitir a otra persona exactamente lo que vivimos. Por eso creo que debemos juzgar menos y ser más empáticos.
Hay personas que cuestionan mi manera de ver el mundo o de expresarme a través del arte. Imagino que algunas veces no comprenden mi lenguaje, pero estoy en paz con eso, siempre que pueda expresarme y ser feliz durante el proceso. También me satisface que quienes sí logran leer mi obra puedan valorarla y apreciarla. Al fin y al cabo, la diversidad existe en el arte y también en todo lo demás.
Trabajar esta pieza, implicó, además, una relación física distinta con el lienzo. Para los formatos grandes suelo trabajar sentada y, cuando necesito llegar a las zonas inferiores, incluso me siento en el piso. En los degradados extensos prefiero mantener cierta distancia para apreciar cómo se integran las transiciones. Para los detalles, en cambio, necesito acercarme. La distancia también forma parte de mi manera de mirar la obra.

La nube, 2026
Óleo sobre lienzo (algodón)
60,96 × 60,96 cm (24" × 24")
Colección privada
La nube nació como un reto que me propuso un coleccionista. Él eligió el tamaño y yo decidí trabajarla únicamente al óleo. Era una oportunidad para probar una obra realizada de principio a fin con esta técnica, y me entusiasmaba especialmente la posibilidad de trabajar el fondo mediante un degradado. Después de esta experiencia, quiero continuar introduciendo poco a poco obras realizadas solo al óleo, porque disfruté mucho el proceso.
Para mí, la nube habla de soñar, vivir y volar; de cruzar fronteras y de esa libertad de viajar de un continente a otro sin perder su esencia. Las nubes conectan la superficie de la tierra, cambian de forma y de color y son bellas sin pedir permiso. Me siento identificada con esa libertad y con una realidad que, al igual que ellas, está en constante transformación y depende de las decisiones y de las circunstancias que me rodean.
También tengo muy presente la imagen de las nubes desde la ventanilla de un avión. Siempre me deja atónita. En esos momentos soy consciente de la grandeza de Dios y de cómo ha creado todo a la perfección. Para mí, Él es el artista por excelencia del universo, el gran arquitecto.
La nube es diferente de mis obras anteriores. Tiene algo de realismo y de surrealismo, pero conserva la esencia de mi trabajo. Siempre he pensado que mi obra estará en constante evolución. No quiero encasillarme en una sola línea de producción. Quiero respetar mi estilo, permitiendo que se transforme con mis experiencias, mis vivencias, mis viajes, mis lecturas y las personas que voy conociendo. Espero seguir evolucionando y profundizando a medida que la vida me vaya ofreciendo nuevas perspectivas.
60,96 × 60,96 cm (24" × 24")
Colección privada
La nube nació como un reto que me propuso un coleccionista. Él eligió el tamaño y yo decidí trabajarla únicamente al óleo. Era una oportunidad para probar una obra realizada de principio a fin con esta técnica, y me entusiasmaba especialmente la posibilidad de trabajar el fondo mediante un degradado. Después de esta experiencia, quiero continuar introduciendo poco a poco obras realizadas solo al óleo, porque disfruté mucho el proceso.
Para mí, la nube habla de soñar, vivir y volar; de cruzar fronteras y de esa libertad de viajar de un continente a otro sin perder su esencia. Las nubes conectan la superficie de la tierra, cambian de forma y de color y son bellas sin pedir permiso. Me siento identificada con esa libertad y con una realidad que, al igual que ellas, está en constante transformación y depende de las decisiones y de las circunstancias que me rodean.
También tengo muy presente la imagen de las nubes desde la ventanilla de un avión. Siempre me deja atónita. En esos momentos soy consciente de la grandeza de Dios y de cómo ha creado todo a la perfección. Para mí, Él es el artista por excelencia del universo, el gran arquitecto.
La nube es diferente de mis obras anteriores. Tiene algo de realismo y de surrealismo, pero conserva la esencia de mi trabajo. Siempre he pensado que mi obra estará en constante evolución. No quiero encasillarme en una sola línea de producción. Quiero respetar mi estilo, permitiendo que se transforme con mis experiencias, mis vivencias, mis viajes, mis lecturas y las personas que voy conociendo. Espero seguir evolucionando y profundizando a medida que la vida me vaya ofreciendo nuevas perspectivas.

Interludio, 2025
De la serie "Innerland"
Grafito sobre papel Arches
30,48 × 22,86 cm (12" × 9")
Colección privada
El dibujo siempre ha formado parte de mi proceso. Comencé haciendo retratos en grafito y carbón, y volver a él después de mi experiencia con la pintura ha significado recuperar una relación mucho más directa e íntima entre mi visión, el papel y el trazo. Hay algo visceral en esa relación. Disfruto el proceso porque puedo pasar horas dibujando, completamente sumergida en el papel. Es, al mismo tiempo, una necesidad técnica y emocional: necesitaba volver a esa intimidad entre el lápiz y yo.
Trabajar sobre papel Arches intensifica esa experiencia. Su superficie delicada y satinada permite un trazo suave, degradados sutiles y, al mismo tiempo, alcanzar zonas de gran oscuridad. Es un soporte que exige cautela y paciencia, donde una marca o una mancha pueden ser difíciles de corregir. Precisamente esa exigencia me obliga a permanecer atenta y convierte el dibujo en un espacio de concentración y pausa.
En Interludio quise reflejar ese momento en que necesitamos dejar algo atrás y liberarnos de aquello que pesa. Aunque pequeña, es una obra que tiene mucho valor. Está compuesta por un portal suspendido sobre una plataforma circular en la parte superior, sostenida por elementos puntiagudos que se conectan con una semiesfera de corte oblicuo.
El cuerpo inferior, oscuro y contenido, representa una carga que puede degradarnos y limitarnos hasta terminar formando parte de nosotros. El hueco vacío del que emerge el pin refleja esa posición en la que podemos sentirnos atrapados. Desde allí, ascender parece difícil, mientras que continuar descendiendo resulta más fácil: una referencia a lo sencillo que puede ser hundirse más en los problemas y a lo difícil que resulta tomar la decisión de salir de ellos.
En la parte superior, un columpio con una pluma representa la paz de soltar, de dejar ir aquello que sostenemos sin necesidad. La ligereza de la pluma alude a la libertad, el desahogo y la tranquilidad que busco. La silueta de los pies evoca la sensación de caminar descalzo, tocar la hierba y reconectar con una realidad más llevadera, como una caminata a orillas de la playa. En contraste, las agujas que sostienen la plataforma introducen el dolor y la incomodidad que acompañan la decisión de desprenderse de una carga.
El espacio entre ambas partes es el interludio: ese momento de transición en el que todavía existe el peso, pero también aparece la posibilidad de soltarlo. Para mí, la obra también habla de una transición personal: de la arquitectura a las artes visuales y, ahora, de la pintura de regreso al dibujo. En ese tránsito, volver al papel ha sido una manera de recuperar una forma más íntima y ligera de crear.
Grafito sobre papel Arches
30,48 × 22,86 cm (12" × 9")
Colección privada
El dibujo siempre ha formado parte de mi proceso. Comencé haciendo retratos en grafito y carbón, y volver a él después de mi experiencia con la pintura ha significado recuperar una relación mucho más directa e íntima entre mi visión, el papel y el trazo. Hay algo visceral en esa relación. Disfruto el proceso porque puedo pasar horas dibujando, completamente sumergida en el papel. Es, al mismo tiempo, una necesidad técnica y emocional: necesitaba volver a esa intimidad entre el lápiz y yo.
Trabajar sobre papel Arches intensifica esa experiencia. Su superficie delicada y satinada permite un trazo suave, degradados sutiles y, al mismo tiempo, alcanzar zonas de gran oscuridad. Es un soporte que exige cautela y paciencia, donde una marca o una mancha pueden ser difíciles de corregir. Precisamente esa exigencia me obliga a permanecer atenta y convierte el dibujo en un espacio de concentración y pausa.
En Interludio quise reflejar ese momento en que necesitamos dejar algo atrás y liberarnos de aquello que pesa. Aunque pequeña, es una obra que tiene mucho valor. Está compuesta por un portal suspendido sobre una plataforma circular en la parte superior, sostenida por elementos puntiagudos que se conectan con una semiesfera de corte oblicuo.
El cuerpo inferior, oscuro y contenido, representa una carga que puede degradarnos y limitarnos hasta terminar formando parte de nosotros. El hueco vacío del que emerge el pin refleja esa posición en la que podemos sentirnos atrapados. Desde allí, ascender parece difícil, mientras que continuar descendiendo resulta más fácil: una referencia a lo sencillo que puede ser hundirse más en los problemas y a lo difícil que resulta tomar la decisión de salir de ellos.
En la parte superior, un columpio con una pluma representa la paz de soltar, de dejar ir aquello que sostenemos sin necesidad. La ligereza de la pluma alude a la libertad, el desahogo y la tranquilidad que busco. La silueta de los pies evoca la sensación de caminar descalzo, tocar la hierba y reconectar con una realidad más llevadera, como una caminata a orillas de la playa. En contraste, las agujas que sostienen la plataforma introducen el dolor y la incomodidad que acompañan la decisión de desprenderse de una carga.
El espacio entre ambas partes es el interludio: ese momento de transición en el que todavía existe el peso, pero también aparece la posibilidad de soltarlo. Para mí, la obra también habla de una transición personal: de la arquitectura a las artes visuales y, ahora, de la pintura de regreso al dibujo. En ese tránsito, volver al papel ha sido una manera de recuperar una forma más íntima y ligera de crear.

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